El VALOR de la SENCILLEZ



Quien posee la actitud de la serenidad puede disfrutar de la vida aún en medio de las dificultades.
Recuerda el sabio proverbio: Enfréntate con calma a la peor emergencia. Si no quieres que te abrumen los conflictos, reconoce que la serenidad es la manera más propicia para manejar los problemas y hallarles solución.
Asume HOY una actitud serena, e intenta conservarla como parte de tu manera de ser, enriquecerás tu vida.


No permitas que un error cometido destruya tu tranquilidad ni altere tu camino. Lo pasado ya pasó.
Si cometiste un error, saca lecciones provechosas del mismo y libérate de sus efectos negativos.
Atiende al presente con buen ánimo y sin angustiarte, asume con responsabilidad, con calma y positivismo cada nueva oportunidad y no te dejes atormentar más por lo que pudo haber sido y no fue.
Cada día es una nueva y mejor oportunidad. Sigue adelante.


Definitivamente eres mucho más de lo que tú mismo crees; vales mucho más de lo que tú mismo piensas.
Tienes capacidades que tú mismo aún no conoces. Eres capaz de muchas más cosas, si realmente te lo propones.
Tienes mucha más inteligencia de la que realmente utilizas y aprovechas. Eres mucho más capaz y más valioso de lo que hasta ahora has sido.
Piensa, reflexiona, tú puedes hacer más y ser mucho mejor para ti y para quienes te rodean.

La autoestima es la única clave para progresar. Al tener amor por mi mismo, tengo el poder interno para crecer y, al desarrollar este poder, me amo cada vez más. Es decir, mientras más veo que puedo vencer, más admiración voy a tener por mi mismo. Y al tener autoestima, puedo fácilmente estimar a los demás, amarlos de forma verdadera, sin apegos o celos, simplemente amar a los otros y quererlos tal como son.



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Autorrespeto y humildad son los dos platos de la balanza para una mejor convivencia. La arrogancia bloquea las posibilidades de crecimiento de otros y evita el autocrecimiento. La humildad negativa, es decir, la humillación impide el autocrecimiento. El equilibrio del autorrespeto, cuando yo sé quien soy y reconozco mis potenciales, con la humildad, la habilidad de reconocer límites, permite un crecimiento espiritual saludable. Para esto, todos los días, exáminate de forma correcta, encontrando las buenas cualidades y reconociendo los defectos.



Los cerebros humanos tienen todos las mismas capacidades y limitaciones, entonces porque hay personas con mayor éxito o que logran concretar sus metas si no hay mayor diferencia entre cada individuo. Es simple, el triunfador a arraigado y tomado para si ciertos pensamientos y desechado lo que le desequilibra o tropieza, estas son esos principios:
1. TODO PASA PARA BIEN: Comúnmente culpamos, señalamos y nos quejamos cuando se trata de enfrentar dificultades o problemas, lo que no sabemos es que estas situaciones son escalones o lecciones de vida que nos darán mas fuerza en cualquier campo, bien sea un problema social, económico, familiar o incluso una enfermedad. Todo esto son maestros para nuestro crecimiento interior.
2. SE GANA AUN EN LA PERDIDA: El triunfador aprende de cada derrota, de cada tropiezo, sobre como hacer o dejar de hacer algo, así pues cada temor que le tenemos al fracaso nos aleja de objetivos ya que es un aprendizaje que en ocasiones es inevitable para un autentico crecimiento interior.
3. YO CREO MI BUENA SUERTE: Las situaciones externas no hacen el triunfo, este solo llega por la cantidad de preparación que constantemente tengamos y cuando sea lo indicado se presentara la oportunidad, de lo contrario o no llega o simplemente no la aprovecharemos por tener vaga preparación.
4. YO SOY EL RESPONSABLE DE TODO LO QUE ME PASA: Ni el alcalde, ni el ministro, ni el presidente o incluso el diablo o Dios se han puesto de acuerdo para ponerme pruebas o castigos en mi vida, cuando aprendemos que somos cocreadores y que somos responsables de todo lo que nos pasa, de todo, de todo, empieza nuestro camino al triunfo.
5. TRABAJAR EQUIBALE A JUGAR: Si no te gusta lo que haces, DEJALO, no ay peor cosa que tirar tus energías en algo que no es de tu agrado, dedicate a lo que amas a lo que gustas y que no lo considerarías un trabajo, ello te edificara y la vida se encargara de que te llegue lo que te mereces.
Recuerda que debes pagar el precio de tu triunfo eso solo lo lograras con la disciplina y pasión que pongas en tus metas y anhelos de lo contrario te estancaras en la mediocridad y te volverás infeliz.

Si te dignaras a levantarte cada mañana con una sonrisa en la cara, vieras en cada amanecer un nacimiento; en cada estrella, una esperanza; en cada persona, un mundo; en cada árbol, la vida; en cada flor, la belleza; en cada animal, un amigo; en cada ave, una voz; en cada sonrisa, una experiencia; en cada enojo, una reconciliación; en cada amigo, a un hermano... Y te atrevieras a explorarlas, encontrarías la felicidad.



"Imagina que tu yo interior es una flor. Para protegerla de los sufrimientos, la colocas en una caja blindada. Sin luz, agua ni nutrientes, confinada sin conciencia con todas las emociones negativas de experiencias pasadas, tu flor pronto pierde su atractivo.
Pero si puedes deshacerte de esas emociones negativas y aprendes a creer en ti a través del autoconocimiento, tu flor muy pronto se abrirá al sol.
En poco tiempo, lucirá todos sus colores, tendrá una fragancia cautivadora y pétalos de seda. La belleza del yo interior es semejante, se irradia de muchas formas a través de la sonrisa, los ojos, los ademanes. Si no hay paz en soledad, jamás puede haberla en el amor."

la anciana campesina caminaba lentamente,
cargado con dificultad un atado de leña
para alimentar una hoguera en al que cocinaba.
un joven juez que en su tiempo libre paseaba por el campo
se encontró con ella y conmovido por la edad
y la condiciones en las que vivía la humilde mujer,
decidió buscar la manera de ayudarla
El rancho de la anciana era un pedazo de techo caído sobre una pared,
formando un espacio triangular, dentro del cual ella vivía
La señora hablaba en forma alegre y determinada,
le contó al juez que comía de lo que crecía en la granja,
que tenía algunas gallinas y una vaca que le producían
lo indispensable.
No había tonos de queja ni de carencia
en la conversación de la anciana, todo lo contrario,
sus palabras estaban plenas de gratitud y esperanza.
Después de haber conversado un buen rato,
el juez le preguntó a la campesina:
-Disculpe señora, ¿hay alguna forma en la que la pueda ayudar?
¿Tal vez ropa, o medicinas?
Si en algo puedo colaborarle solo dígame y
con gusto haré lo que pueda.
La anciana guardó silencio por un momento,
y finalmente respondió:
-Muchas gracias, en realidad no necesito nada para mí,
pero sí para el viejito.
-¿El viejito?-, preguntó el juez.
-Sí -continuó la señora-, está muy enfermo,
está adentro en la casa, ya no se puede ni parar,
tiene muchos dolores,
me toca hacerle todo porque el pobre no puede ni moverse.
-¿Y qué tiene su esposo?- replicó el juez, sorprendido.
-No es mi esposo -respondió la anciana-,
es un viejito que encontré desamparado
y ¿cómo lo iba a dejar solito?
Por eso desde hace como dos años que lo estoy cuidando.
Nadie es tan pobre que no pueda dar,
nadie es tan rico que no necesite recibir.